jueves, 17 de mayo de 2018

Farmacovigilancia, ¿quién vigila nuestra salud?

Pues aunque la respuesta más obvia sería decir que es “nuestro médico”, en realidad y si lo pensamos bien somos nosotros mismos los que vigilamos nuestra salud en primera instancia.

Farmacovigilancia

Cuando algo no funciona en nuestro cuerpo acudimos al médico, quien tras un exhaustivo examen con o sin pruebas y análisis incluidos, determina cual es la causa de nuestros males y, afortunadamente para nosotros, extiende la correspondiente receta. Y llegado este momento, volvemos a ser nosotros mismos los que podemos evaluar los beneficios de la medicación pues, como bien sabemos todos, los medicamentos tienen sus inconvenientes, sus efectos secundarios, sus incompatibilidades, etcétera, pero, ¿qué podemos hacer nosotros como individuos ante una gran multinacional farmacéutica?

Benditos medicamentos… ¡qué haríamos sin ellos!


Los medicamentos deben garantizar la seguridad del paciente. Hay que evaluar la relación beneficio-riesgo y debe notificarse la medicación que cause daño al individuo. En este sentido muchas personas son muy reacias en cuanto a la química se refiere, pero lo cierto es que indiscutiblemente los medicamentos salvan a muchas personas y mejoran la calidad de vida de muchos enfermos.

Un medicamento sale a la calle cuando ya está autorizado y se conocen los riesgos de su administración, pero siempre cabe la posibilidad de que surjan nuevas reacciones adversas y para eso existen unos sistemas nacionales y europeos de farmacovigilancia encargados de identificar los nuevos riesgos de los medicamentos ya comercializados y que no se conocían en el momento de su autorización.

¿Qué es la Farmacovigilancia?


En España, por ejemplo, tenemos un Área de Farmacoepidemiología y Farmacovigilancia dentro del Departamento de Medicamentos de Uso Humano a su vez perteneciente a la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios.

Además, existen cursos de Postgrado en Farmacovigilancia orientados a formar a profesionales del área de la industria farmacéutica así como a Licenciados en Farmacia, Medicina, Biología, Química y Ciencias de la Salud que quieran trabajar en el área de Farmacovigilancia o campos afines. Estos profesionales tienen que saber identificar, cuantificar, evaluar y prevenir los riesgos existentes en el uso de los fármacos, así como conocer y aplicar las normativas europeas que establecen las obligaciones y responsabilidades en este ámbito, como son el Reglamento 1235/2010 y la Directiva 2010/84.

Podemos pues estar tranquilos, nuestra salud está en buenas manos, primero en las manos de la Agencia Europea de Medicamentos, segundo en las de las agencias nacionales de los 28 estados miembros, entre los que se encuentra España, posteriormente en las de los propios laboratorios farmacéuticos, titulares de las autorizaciones de comercialización de los medicamentos, después en la de los profesionales sanitarios y, finalmente, en las de nosotros, los ciudadanos.

Si no existiera la farmacovigilancia, ¿qué diferencia habría entre aquellos arcaicos y tribales sacrificios a los dioses cuando el hombre creía en el poder de los conjuros y las pócimas mágicas y la medicina moderna? No obstante, lo cierto es que los medicamentos más antiguos procedían de las plantas y, en algún momento de nuestra historia, momento en el que de alguna forma surgió esta disciplina farmacológica, el hombre observó que los animales huían de determinadas plantas que resultaron ser venenosas y, por el contrario, comían determinadas hierbas cuando sufrían algún mal.

Para terminar deciros que si alguien está interesado en formarse en esta disciplina, existen diferentes Universidades donde se puede obtener un diploma de Especialización/Postgrado en Farmacovigilancia que normalmente equivalen a 30 créditos ECTS.

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